lunes, 28 de septiembre de 2015

nuestros nombres



Es mi nombre, dijiste
                                 siempre lo fue...
imperceptible fusión de latidos
                                 amarrando tu historia y la mía.


No voy hablar en tiempo pasado,
no quiero hacerlo.
Tu presencia me habita más que nunca,
tus giros a mi alrededor
son caricias que destrenzan mi sonrisa
cuando admito que te quiero como siempre.


Es mi nombre, dijiste
                                   siempre lo fue.


Hay un mar azul
cree ser el único que moja mis pies,
no sabe que fueron tus labios los primeros en hacerlo
                                   en una noche sin luna y sin condena.

Un tiempo sin tiempo,
de huellas profundas que esquivan al viento.
Instantes que vuelven, que se repiten,
                                  Amalgama indescifrable
                                  que desglosa mi nombre
usando el áspero timbre de tu voz.

Es tu nombre esta vez...

 





viernes, 25 de septiembre de 2015

rojo





tienes una mirada extraña
tus ojos fijos en mi rostro,
callado, imperturbable
sentado y con una copa de rojo vino
que baila entre tus dedos          

el tiempo parece detenerse allí,
esbozo una pequeña sonrisa
mientras bebo de la copa,
un hilo rojo se desliza por mi boca

vino rebelde que se escapa
y perfuma mi piel

tus ojos fijos en mi rostro,
imperturbable

tu beso teñido de rojo con sabor a mí


lunes, 14 de septiembre de 2015

pulsos



Late mi cuerpo húmedo buscando emular
los pulsos de mi corazón.
Una melodía se desgrana
en bemoles que reconozco,
y descalza comienzo una danza
que me embriaga más que el buen vino.
No importa
si hemos bebido de más
o si el humo dulce nos nubla la razón...
Importa solo ese instante
cuando la noche nos cubre de a dos, arropándonos.


martes, 8 de septiembre de 2015

azules son los que se bañaron...

Ella estaba parada en la escalera de la capilla haciendo un nudo el pañuelo que tenía en las manos. Miraba todo como buscando y yo quise pensar que me buscaba a mí. Caminé despacio hasta su lado y me di cuenta que me era imposible no detenerme a descansar en su mirada. Ella se turbaba y se le encendían las mejillas.
Cada domingo a la salida de misa repetíamos el juego, ambos lo esperábamos y ambos lo deseábamos. Había una especie de acuerdo mudo.
Yo la rodeaba inclinándome tratando de atrapar ese azul intacto de pupilas  que el tiempo no había podido marchitar. Y ella entonces, giraba la cabeza avergonzada. No solo la cabeza giraba, lo hacía también con el resto del cuerpo. Pero yo no abandonaba, empecinado y atrevido seguía casi hasta ponerme de rodillas, girando a su compás.
Pero ese día sucedió lo que nunca imaginé, ella enderezó su espalda levantando los ojos.  Apoyó su mano en mi pecho, apuñalando mi alma con el azul de esa mirada, al tiempo que me decía:

-         - Pedro por favor, me hace sentir incómoda.-           

-          -Tiene razón Mariana, si seré bruto! Yo le voy a explicar. Usted tiene la mirada más linda que vi en mi vida. Es más linda aún que el color de sus ojos y eso que el color de sus ojos, opaca al sol. Yo, cuando la veo, siento que estoy parado al borde de un lago muy azul que me invita a entrar una y otra vez. Le juro Mariana que quisiera quitarme las alpargatas y caminar despacio por su orilla hasta sumergirme lentamente. Su ojos son el remanso donde nunca desembocó ningún río ni donde tampoco nació alguno. Son eso, agua quieta que me  invita a entrar.  A  empaparme, a saber de una vez por todas si voy a morirme de frío allí o si está tan tibia como sus mejillas rosadas. Entiende Mariana lo que me pasa? quiero bañarme en ese lago. No, no, lo que quiero es beber de ese lago, porque estoy seguro  que bebiendo de allí, no me voy a ir jamás de su corazón.